¡Conviértete en seguidor!

Mostrando entradas con la etiqueta Mañana será otro día. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Mañana será otro día. Mostrar todas las entradas

jueves, 12 de marzo de 2015

Capítulo 6

Sus manos me masajean las nalgas mientras mis brazos están enroscados a su cuello. Si no me controlo, creo que podría estrangularle del deseo que tengo por sentirle más cerca.

Comienza a caminar en dirección a su habitación, que se encuentra en la planta baja. Tropezamos brevemente al llegar a la puerta, en un intento de abrirla sin dejar de besarme y, tras maniobrar ligeramente, lo consigue. Según entramos apoya mi espalda contra la pared al tiempo que sube sus manos a mi cara. Las yemas de sus dedos están cosquilleando en mi nuca, por debajo de mi pelo. Atrapa mi labio inferior entre sus dientes, y lo va deslizando mientras echa la cabeza hacia atrás.

-Todavía estás a tiempo de que paremos –me dice en un susurro. Niego con la cabeza y le aparto las manos del cuello para desatarme los botones de la camisa. Veo como se le oscurece la mirada al tiempo que ésta se va abriendo para revelar mi ropa interior negra de encaje. 

Pasa sus labios con mi cuello, dándome ligeros mordiscos hasta llegar a mi barbilla, donde sigue besándome. Cuando tengo la camisa completamente abierta, la dejo caer por mis brazos, quedándose amontonada sobre la curva de mi culo apoyado contra la pared. Se separa de ésta, haciendo que la tela caiga al suelo. Desenrollo mis piernas de su cintura mientras él va deslizándome a lo largo de su cuerpo para dejarme sobre el suelo. Cuando mis pies tocan tierra, alargo mis manos para desatarle la suya. Al tiempo que voy deshaciendo los botones, mis nudillos rozan su pecho, y siento que me arden las manos en las zonas en las que nuestra piel está en contacto. Cuando llego a su estómago, me quedo observando como un paquete de abdominales hace presencia. Se me corta la respiración. Consigo desabotonarle la camisa y ¡Dios mío! Ahí está la V que continúa por debajo de sus pantalones. Le pongo las manos en los pectorales, que son la combinación perfecta entre duros como el acero y suaves como la seda. Subo las manos hasta sus hombros y voy empujando la camisa a lo largo de sus brazos, acariciándoselos en el proceso. Él suspira audiblemente y vuelve a agárrame la cara con ambas manos para besarme duramente. Comienza a avanzar hacia atrás sin soltarme la cara, hasta que choca con la cama en la parte de atrás de sus piernas. Entonces se sienta, dejándome a mí de pie entre sus muslos. Sus brazos rodean mis caderas, y comienza a darme besos entre ambos pechos, deslizando la lengua a lo largo de mi estomago.  Me estremezco, haciendo que la piel se me ponga de gallina, y sofoco un gemido. Mi cabeza cae hacia atrás mientras él continua haciendo su recorrido por mi estómago con los labios. Sus manos se deslizan hacia delante, y comienza a desatarme los pantalones. Yo tengo que apoyar mis manos sobre sus hombros para no perder el equilibrio. Bajo mi cabeza y me encuentro con su mirada penetrante. Entonces, sus manos comienzan a bajar mis pantalones, suavemente, deslizándolas por dentro de estos mientras acaricia la piel de mis caderas y piernas. Cuando los siento a la altura de los tobillos, me bajo de los tacones y los saco de los pies con una suave patada. Estoy en ropa interior, la que compré hace un tiempo para ocasiones especiales, delante del que probablemente sea el hombre más guapo del mundo. Me siento ligeramente expuesta, a pesar de que sus ojos me dicen que le gusta enormemente lo que ve. El aire se desliza de entre mis labios lentamente cuando él se levanta permitiéndome que le desabroche los pantalones. Se quita los zapatos y los calcetines, de modo que, cuando se incorpora, comienzo a soltarle el cinturón, seguido por el botón del pantalón y la cremallera. No puedo apartar la vista de su magnífico cuerpo mientras consigo deslizarle los pantalones fuera de las piernas. Ahora ambos estamos en ropa interior, de pie el uno frente al otro, observándonos intensamente. Nunca he estado con un hombre tan sumamente atractivo. Las fotos de internet no le hacen justicia. Tiene todos los músculos marcados, desde los hombros anchos hasta la estrecha cintura, seguido por unas piernas terriblemente largas y bien torneadas. Lleva unos calzoncillos blancos de Calvin Klein, como los que usaba en la foto que me enseño Sara en la revista. No me puedo creer que me vaya a acostar con un hombre que hasta hace menos de una semana era un total desconocido, famoso, modelo y, seguramente, perseguido y codiciado por cientos de mujeres. Y él se siente atraído por mí. Por el bulto contenido en la parte delantera de sus calzoncillos puedo afirmar que muy atraído. 

Levanto la vista, después de hacer un examen exhaustivo de todo su cuerpo y él está sonriendo ligeramente. Comienza a colocar sus brazos alrededor de mi cintura, pegándome a él. Siento el calor que irradia su cuerpo contra el mío, y creo que nunca en la vida he tenido unas ganas tan terribles de arrancar unos calzoncillos. Su erección esta presionada contra mi vientre y, de verdad, si no comienza a darse prisa voy a tener que empujarle para que vuelva tocarme de nuevo. Sus manos se desplazan hasta el cierre trasero de mi sujetador y con un suave movimiento lo libera. Sube las manos hacia mis hombros, tirando de los tirantes por mis brazos haciéndome cosquillas mientras los desliza fuera. Se sostiene tapando mis pechos ya que su cuerpo aún está presionado contra el mío, así que doy un paso hacia atrás haciendo que caiga a mis pies. En todo momento nos mantenemos en silencio. Él me mira, al tiempo que arrastra sus manos hacia arriba por mis brazos, hasta mesarme los pechos. Solo su mirada ha hecho que mis pezones se pongan duros como piedras. Estamos besándonos con furia de nuevo, y tengo que agarrarme a sus bíceps para no perder el equilibrio, ya que cada vez me resulta más difícil introducir aire en los pulmones. Una de sus manos se desliza hasta llegar a mi cintura, empujándome hacia delante, de manera que ahora vuelve a estar sentado en la cama, conmigo a horcajadas. Sin despegar sus labios de los míos, se desliza hacia atrás para quedar sentado con la espalda apoyada contra el cabecero de piel negra cuadrado que preside la cama. Ahora sus manos están apretadas en mi cintura y las mías alrededor de su cuello. En un rápido movimiento, me hace girar, de manera que soy yo la que está tumbada en la cama. Me separa los mulsos con ambas manos y se coloca entre mis piernas, que se han enrollado alrededor de sus caderas como si tuvieran vida propia. Sus labios comienzan a bajar por mi mandíbula, hasta llegar al cuello, deteniéndose en el hueco que hay debajo de mi oreja. Empieza a mordisquear esa zona y mi espalda se arquea haciendo que mi pecho se presione contra el suyo. Continúa un camino descendente por mi cuerpo con los labios, hasta llegar a mis pechos. Empieza a mordisquear mi pezón derecho, mientras juguetea con el izquierdo entre los dedos índice y pulgar. Se me escapa un gemido de los labios y él suelta mi pezón para deslizar su mano entre mis piernas. Comienza a acariciarme por encima de las bragas. Madre mía, sus dedos son maravillosos. Mete una mano dentro de mi ropa interior y juguetea con mi clítoris al tiempo que introduce un dedo en mí.

-Mmm, tan mojada –susurra él contra mis labios con una sonrisa maliciosa mientras sus ojos me devoran cargados de deseo.

Se incorpora de rodillas entre mis piernas para quitarme las bragas. Introduce los dedos en la goma de éstas y comienza a deslizarlas lentamente por mis piernas. Ahogo un gemido cuando siento, sin previo aviso, que su boca está sobre mi sexo. Estiro las manos para sujetarle el pelo mientras él juguetea con su lengua entre mis pliegues.

-¡James! –grito entre sofocos agarrándole cada vez más fuerte del pelo. Menos mal que había sido previsora y me había depilado bien ahí abajo.

Levanta los ojos para mirarme mientras desliza un dedo en mi interior. Me incorporo en los codos para mirarle, porque, Dios mío, todavía no me creo lo que estoy haciendo con este hombre. Introduce un segundo dedo y continua el movimiento dentro y fuera de mí sin parar de acariciarme el clítoris con la lengua. Le agarro de los hombros, tirando de él de vuelta hacia arriba, para poder besar sus labios. Siento mi sabor en su boca, y, ¡madre mía! Eso me excita aún más. Le obligo a rodar empujándole el pecho para que se tumbe sobre su espalda, y me siento a horcajadas sobre sus piernas sin dejar de besarle. Deslizo mis labios por sus mejillas, hasta llegar al lóbulo de su oreja, que mordisqueo. Él coge mis caderas con ambas manos clavando sus dedos en mi carne. Sigo un curso descendente, pasando por su cuello, clavícula, pectorales, estómago hasta llegar a sus calzoncillos. Tiene una línea de pelo que desciende desde su ombligo hasta perderse por debajo de su ropa interior y eso, unido a los oblicuos que continúan su trayectoria descendente, me hace pensar que está demasiado vestido. Comienzo a agarrar la goma de sus calzoncillos, tirando de ellos hacia abajo. La cabeza de su erección aparece justo cuando he introducido los dedos levemente para comenzar el proceso, y ¡dios mío! Me quedo totalmente sin palabras. Se me escapa la lengua, así que ahora estoy recorriendo toda su longitud con suaves lamidas. Él gime ruidosamente, y estira los brazos agarrándome de las axilas para que vuelva a subir mi cabeza hacia la suya. Mete una mano entre mi nuca y mi pelo y me atrae hacia él, besándome con vehemencia. Su lengua está impaciente por introducirse en mi boca, y yo la acepto gustosamente. Seguramente este sea el polvo más erótico que he tenido en toda mi vida. Ni siquiera me gustaba hacer mamadas, madre mía, pero no he podido controlar a mi propia lengua para que se quedara dentro de la boca. Él alarga una mano hacia la mesilla de noche que se encuentra a un lado de la cama, y abre un cajón. Supongo que está buscando un condón. Me tiende un paquetito plateado que abro rápidamente y comienzo a deslizarlo a lo largo de su polla. Cuando está bien colocado me levanto sobre mis rodillas, para estar sobre su erección y me voy deslizando introduciéndole en mi interior. Se nos escapa un gemido de satisfacción a ambos.

-Alba- susurra.

Él se incorpora, de modo que ahora está sentado. Nos empuja a ambos hacia atrás para que se pueda apoyar en el cabecero de la cama. Vuelve a besarme con pasión, mientras que, con sus manos en mis caderas, me ayuda a dirigir los movimientos. Me deslizo de adelante hacia atrás, de manera que mi clítoris se roza con su piel y no puedo parar de gemir.

-Madre mía – grito. Tengo las manos apoyadas en sus hombros y la cabeza echada hacia atrás, y él está jugueteando con mi cuello al tiempo que nos movemos el uno sobre el otro.

Sin separarnos, me coloca de espaldas en la cama, y comienza a mover las caderas contra mí duramente.

-¡Más fuerte!- logro decir entre gemidos.

Comienza a moverse más fuerte, mientras su pene golpea contra las paredes de mi vagina. Es el mejor sexo que he tenido en toda mi vida, eso seguro. Este hombre es una maquina sexual, por dios. Desliza una mano entre nosotros, y mientras sigue penetrándome con fuerza empieza a acariciar mi clítoris.

-No puedo más –grito- pero no pares. Más rápido.

Él gime como respuesta, y entierra la cara en mi cuello mientras aumenta la velocidad y la fuerza de cada envestida.

-Me voy a correr –dice- ¿te queda mucho?

-Noooo –grito cada vez más fuerte.

Sus movimientos se hacen aún más feroces si cabe, y una corriente que empieza en la base del estómago me invade todo el cuerpo haciendo que cierre los ojos y entierre la cabeza en la almohada. Ambos llegamos al orgasmo entre gritos y gemidos y él se desploma sobre mí, con la cabeza aún en mi cuello.

Ambos jadeamos. Puedo sentir los acelerados latidos de su corazón contra mi pecho, y supongo que él siente los míos. Estamos sin aliento, respirando con dificultad, esperando hasta que nuestros corazones se tranquilicen. Levanta la cabeza de mi cuello para darme un tierno beso en los labios mirándome directamente a los ojos.

-Eso ha sido alucinante –dice aún resoplando por el esfuerzo. Tiene las raíces del pelo mojadas de sudor, y creo que nunca me ha parecido tan sexy un hombre sudado.

Estiro la mano para acariciarle el pelo mojado, deslizando mis dedos entre los mechones. En todo momento nuestros ojos se sostienen la mirada.

-Alucinante se queda corto, James –digo en un susurro. Me da un beso en la punta de la nariz y sale despacio de mi interior, situándose a mi lado en la cama, pero arrastrándome con él, para que mi cabeza repose sobre su pecho.

Oigo los todavía rápidos latidos de su corazón, que empujan contra mi oído. Le abrazo, pasando una mano por su estómago, y rodeo una de sus piernas con la mía. Él me atrae más cerca envolviendo mi espalada con uno de sus brazos mientras que su otra mano coge la mía que ahora descansa sobre su pecho.

Me doy cuenta de que es la primera vez desde que rompí con Javi que no he pensado en él mientras me acuesto con alguien. La idea me aterroriza un poco por lo que implica. Creo que me estoy enamorando de éste hombre y no puedo remediarlo. La mano que descansa sobre mi espalda empieza a deslizarse de arriba abajo haciéndome cosquillas, que consiguen relajarme hasta hacer que mis ojos se cierren. Respiro profundamente, intentando memorizar su olor en mi cabeza. Masculino y limpio. Siento como se quita el condón, anudándolo y dejándolo sobre la mesa, pero me siento demasiado cansada como para abrir los ojos. A continuación nos tapa con el edredón y lo último que escucho antes de quedarme dormida es su suspiro de satisfacción.

*************

Me despierto sobresaltada y algo desubicada. Rápidamente, hago un barrido de la habitación en la que me encuentro y suspiro aliviada al recordar dónde estoy. Entonces me doy cuenta de qué es lo que me ha despertado. James está hablando en sueños, mientras me aprieta más fuerte contra sí. Durante la noche, nos hemos ido girando hasta quedar haciendo la cucharita. El agarre que ejerce sobre mi estómago se hace más duro, y me asusto un poco cuando le oigo gemir de dolor.

-No te vayas- dice lloriqueando.

Decido despertarle, porque aunque esté durmiendo no descansará si está teniendo una pesadilla.

-James –le sacudo un poco los hombros. –Despierta, es solo una pesadilla- le zarandeo un poco más, pero no abre los ojos. Sigue aferrado a mí con tanta fuerza, que ahora sí que me está haciendo daño.- James, por favor-grito- ¡Me haces daño!

Abre los ojos de repente y suspira aliviado al verme junto a él.

-Alba –la palabra se escapa de entre sus dientes como un susurro y no sé si está completamente despierto o sigue en su trance a causa de la pesadilla.

-James, estoy aquí –le acaricio la frente, que ahora está empapada de sudor, apartándole los mechones más largos.

Me abraza fuerte, pero ya no me hace daño. Es un abrazo cariñoso y tranquilizador, no como antes que era totalmente desesperado.

-Lo siento si te he despertado –dice al cabo de unos segundos.

-No te preocupes, volvamos a dormir- le doy un beso en el pecho y nos volvemos a dormir entrelazados.
                                                           

miércoles, 11 de marzo de 2015

Capítulo 5

Me despierto de repente, cuando siento que alguien se mete conmigo en la cama. Gruño ligeramente y oigo una risita a mi lado. Sara. Hacía lo mismo cuando éramos pequeñas. Como ahora, se despertaba antes que yo y se metía conmigo en la cama para molestarme. Sigo con los ojos cerrados, pero ella empieza a hacerme cosquillas en los costados y no tengo más remedio que abrirlos mientras intento apartarla para que pare. Ella sigue riéndose como una niña pequeña hasta que, sin querer, le doy una patada en la pierna.

-¡Au! –se queja ella. Todavía se aprecia el tono divertido en su voz. –Venga, levántate ya, que me aburro yo sola. –me da un azote en el culo y sale de mi cama.

Me giro gruñendo y miro el reloj. Las 10 de la mañana. Joder, Sara, que es domingo. La oigo canturrear por el pasillo y decido levantarme.

Me pongo las zapatillas y salgo a su encuentro. Está limpiando el polvo del piso de arriba. Nooo, me va a obligar a ayudarla. ¡No quiero!

Voy al baño para lavarme la cara. Me miro en el espejo y tengo mucho mejor aspecto que ayer. Los ojos me brillan ligeramente y las ojeras han desaparecido y sé que la razón es porque estoy emocionada por todo lo que pasó la noche anterior. Madre mía, James está pillado por mí en serio. Hago un bailecito delante del espejo y le sonrío a mi reflejo. Me doy la vuelta y me encuentro a Sara observándome con una sonrisa en la puerta del baño. No dice nada, pero sé lo que está pensando. Le saco la lengua y ella se da la vuelta soltando una carcajada para seguir limpiando.

Bajo a la cocina a desayunar, y cuando me estoy echando una taza de café suena el teléfono. La dejo sobre la encimera y contesto:

-¿Si?
-Buenos díaaaas- la voz de Charlie suena desde el teléfono.

-Hola, ¿cómo estás? –pregunto yo en el mismo tono animado.

-Bien –responde ella- Estamos pensando en ir a pasar el día a Hyde park, ya que ha amanecido con este solazo, ¿os apuntáis? –pregunta.

-Espera, que le pregunto a Sara –tapo el auricular con la mano para preguntarle a mi hermana. Ella me responde que ha quedado con Derek para comer –Sara ha quedado para comer, y yo tengo cosas que hacer.

-Joo, ¡qué pena! –dice ella con tono mimoso- Bueno, ¡Que os lo paséis bien!

-Vale, Char, lo mismo te digo.

Y colgamos.

Sigo con mi desayuno, y me lo llevo al salón para ver la tele mientras como. Están echando un programa que me encanta de unos gemelos que ayudan a gente a comprar casas de segunda mano y arreglarlas.

Me entretengo parte de la mañana viendo la tele, hasta que Sara me reclama para que la ayude con la limpieza. Pasamos el aspirador por toda la casa, limpiamos los baños y hacemos la colada.

Hacia las 12 y media ella comienza a prepararse para su comida con Derek y yo me vuelvo a tirar en el sofá.

-He quedado para cenar con James- le digo mientras se pone el abrigo para salir de casa. –Lo digo por si no has vuelto para cuando tenga que irme.

-Vale, no te preocupes. Derek me ha dicho que vamos a ir a un restaurante a comer y luego iremos a ver una obra de teatro, así que seguramente llegue tarde.

-Muy bien, disfruta –le digo haciendo un gesto con la mano para despedirme. Ella me sonríe y sale por la puerta.

Oigo que habla con alguien fuera y el ruido de una puerta de coche cerrarse.

Bueno, y ¿ahora qué hago? Decido prepararme unos espaguetis para comer y me lo llevo al salón.

Son las tres cuando termino, y me levanto del sofá para limpiarlo todo.

Como ya no tengo nada que hacer me lleno la bañera para darme un baño relajante. Echo en el agua un aceite que hace mucha espuma y me sumerjo entre las burbujas. ¿Qué haremos hoy James y yo? ¿Intentará acostarse conmigo? Sé que ha dicho que esa no era su intención, pero no creo que yo pueda resistirme. Ejerce tal tentación sobre mí que solo pensar en la cena ya hace que me tiemblen las piernas. Será la primera vez que estemos realmente a solas, y tengo cierto temor a no saber qué decir, o comportarme de modo extraño. Madre mía, por si acaso, tendré que depilarme bien, no vaya a ser que la cosa se nos vaya de las manos. Cojo la cuchilla y un poco de aceite, y me lo restriego por las piernas. Con cuidado, voy deslizando la hoja a lo largo de mis piernas. Aprovecho y me quito también el vello de axilas e ingles, dejándome una pequeña línea de vello. Me recuesto sobre la bañera, apoyando la cabeza en el borde protegido con una toalla mullida a modo de cojín. El silencio me relaja y cierro los ojos disfrutando de la sensación de las cálidas aguas envolviendo mi cuerpo. Cuando siento que los dedos de manos y pies están arrugados como uvas pasas decido que ya he tenido suficiente y me lavo el pelo. Me aclaro bien toda la espuma y salgo de la bañera. Me seco todo el cuerpo, me pongo una toalla en la cabeza y vuelvo a mi habitación. Miro el móvil y veo que tengo una llamada perdida. Oh, no. Es un número que no tengo guardado, pero sé perfectamente de quien es. ¡Es Javi! ¿Para qué me llamará? Empiezo a darle vueltas al asunto. A lo mejor lo ha dejado con su novia belga y ahora quiere volver. Pues lo lleva claro, el tío. Decido echarle un vistazo a su facebook, para ver sus últimas actualizaciones. Enciendo el ordenador, y mientras se abre empiezo a morderme las uñas. ¡Mierda! Estoy de los nervios. Tarda una eternidad en cargarse, o al menos así lo siento yo. Finalmente se abre la pantalla del explorador y le doy al enlace rápido del facebook. Escribo en el buscador de personas su nombre y se abre su perfil. Qué guapo está en su foto principal. La ha cambiado, ya que antes tenía una foto dándose un morreo con su novia. Miro los detalles de su perfil, y en efecto, ¡ahora pone que está soltero! Tamborileo los dedos en la mesa de mi escritorio, cada vez más nerviosa. ¿Pero para qué me llama? Dios mío, si hace casi dos años que no hablamos. Con todo el jaleo de Javi no me había dado cuenta de que tengo una petición de amistad. La abro y ahí está James. Tiene un nombre distinto: Jamie Park. Supongo que es para que no le encuentren y le atosiguen con peticiones de amistad. Le acepto inmediatamente. Empiezo a mirar sus fotos, y madre mía, está guapísimo en todas. En algunas sale con sus amigos, en fiestas y reuniones informales, otra carpeta es de algunos de sus trabajos de modelo. Miro esa carpeta con más detenimiento. ¡Vaya cuerpazo que tiene! Está estupendo en ropa interior. Me deleito un rato más con sus fotos pero en la esquina de abajo veo que Javi me abre conversación.

-Hola, stas?

¿Qué hago? ¿Contesto? Decido que lo mejor es contestarle, para que no piense que aún me sigue afectado.

-Sí, Hola, cmo stas?

-Bien, hs vsto mi llamada?

-Si, acbo d verla. Q qerias?

-Nda, hblar cntigo. Hace añs q no se nda de ti.

Así que ahora quiere saber de mí, ¿Pero de qué va? Fuimos mejores amigos desde que teníamos 6 años, salimos cuatro años juntos, me deja y desaparece totalmente de mi vida, y encima parece que es culpa mía.

-Ah, ps todo bn. Sigo en Londres.

-Sí, ya he vsto las ftos en tu fb. te va tdo bn?

-Gnial. Stoy trbajando en una escuela d arte, y vivo en una csa en Notting hill cn mi hrmana.

-Estpndo. Y cndo vnes a España?

¿Eh?

-No lo sé. Cmo trbajo no tngo mcho tiempo libre.

-Ah, vaya. Sq tengo mchas gnas de verte.

Pongo los ojos en blanco a la pantalla. No quiero seguir hablando con él.

-Oye, tng q dejarte. He qedado en un rato.

-Ah, vale. L spngo q ya hablarems.

-Ok, chao.

-Adios, un beso.

Cierro inmediatamente el facebook. Estoy alucinando. O sea, lo deja con su novia, y ahora quiere saber de mí. ¡Será desgraciado! Miro el reloj y veo que con las siete. ¡Mierda! Solo tengo una hora para prepararme. Decido no pensar más en Javi y ponerme manos a la obra.

***************

A las ocho menos diez ya estoy lista. Me he puesto unos pantalones negros ajustados y una camisa color coral de seda. Además he añadido un collar muy bonito que compré en topshop el invierno pasado y unos stilettos negros con tacón alto. Me miro en el espejo y me doy por satisfecha. Me he maquillado ligeramente y peinado el pelo en bucles anchos.

Salgo de casa bien abrigadita y camino hacia la mansión de James. Ya no quedan restos de la fiesta de anoche en los alrededores, así que deduzco que ha contratado un servicio de limpieza. Empiezo a ponerme algo nerviosa, dado que no sé cómo va a progresar la noche.

Camino por la entrada empedrada hacia la puerta principal y toco el timbre. Me abre al cabo de varios segundos, y ¡vaya! Está impresionante. Lleva una camisa blanca metida por dentro de unos pantalones oscuros. Tiene los dos botones de arriba abiertos, y las mangas remangadas por encima del codo de modo que le da un aire más informal. Me sonríe en cuanto me ve, y se aparta a un lado para que pase.

-Estás guapísima –dice él al mismo tiempo que me quito el abrigo. Le sonrío tímidamente y le doy mi abrigo.

-Gracias, tú también- su sonrisa se hace más amplia y se acerca a mí para darme un suave beso en los labios.

-Ven –dice al tiempo que echa a andar hacia la cocina. El aire huele genial. No sé que estará cocinando pero seguro que está de muerte.

Entramos en la cocina. Es una cocina súper moderna, con los electrodomésticos de acero inoxidable y las encimeras de hormigón brillante. Tiene una isla con la vitrocerámica y una campana que sale de ella. Estoy alucinada con tanta tecnología. Él me ofrece una copa de vino tinto, que acepto encantada. Le doy un sorbo y está buenísimo. Suena la campana del horno y saca una bandeja con carne y algunas verduras. Parece cordero, y huele estupendamente.

-Ya está casi listo- dice mientras saca de la bandeja del horno la carne y la coloca en una fuente. Le añade una salsa que tenía cocinando sobre el fuego y lo rocía por encima. –Espero que te guste el cordero con salsa de cerezas-dice levantando la vista un segundo mientras sigue rociando la carne. Añade las verduras en los costados de la fuente y coge el plato.

-Seguro que sí, tiene muy buena pinta.

-Vamos al comedor- dice mientras sale de la cocina. Le sigo y entramos en el salón. Ha preparado una mesa para dos preciosa. Aunque la mesa es grande, está colocada de tal forma que utilizamos solo un trozo de ésta. Los platos están colocados en el frente y uno de los lados, de modo que estamos uno al lado del otro.

Coloca la fuente con la carne en el medio de ambos platos y me hace un gesto para que tome asiento en una de las sillas. Empieza a servir una ración en mi plato. A continuación, se sirve a él y se sienta. Se echa vino en una copa y la levanta para brindar.

-Por nosotros- dice mientras chocamos las copas.

-Chin chin- respondo antes de darle un sorbo al vino. Él bebe también.

Comenzamos a cenar y cuando meto el primer pedazo de carne en la boca se deshace sobre mi lengua. Está increíble, y el contraste de la carne con la salsa es impresionante. Se me escapa un gemido de satisfacción y él sonríe.

-Me alegro de que te guste. Mi madre me enseñó a cocinar desde bien pequeño. Siempre la observaba cuando hacía la comida y cuando tuve edad suficiente para acercarme a un fuego me enseñó todos sus truquitos.

-Qué afortunado. Mi madre también nos enseñó a cocinar a mi hermana y a mí. A ella se le da genial hacer cualquier cosa, y con tan buena maestra es difícil no ser buena aprendiz. Aunque Sara es una profesional con la repostería. A mí se me da mejor lo salado.

-Yo soy muy malo cocinando postres- dice él cogiendo su copa de vino y dándole un trago. Hace un mohín y se encoge de hombros divertido.

-Yo sé cocinar lo básico… bizcochos y poco más.

-Bueno, algún día pondremos en práctica sus dotes culinarias, señorita Blanco. –dice él con una sonrisa pícara.

-Ja-ja eso habrá que verlo.

Seguimos conversando un rato más acerca de cocina, pero de vez en cuando nos sorprendo mirándonos lascivamente.

-Derek y Sara parecen llevarse muy bien –dice él cambiando de tema de repente.

-Sí, eso parece. Me alegro por mi hermana. Espero que él pueda ayudarla un poco en su carrera, ya que está un poco estancada.

-Seguro que sí. Derek conoce a muchas personas influyentes en el mundo del cine, y tu hermana tiene muchas cualidades que le pueden favorecer en ese mundillo.

Es verdad. Sara es muy completa. Para empezar es muy guapa, además de lista, divertida, locuaz, y, por supuesto, muy buena en lo suyo. Puede parecer un poco frívola a veces, pero no lo es en absoluto. Tiene el corazón más grande del mundo, y siempre está pendiente de los demás. Por eso me duele tanto que no le estén saliendo las cosas como esperaba.

-En cuanto a ti, qué te voy a decir… -dice él, soltando un suspiro exagerado. Se dibuja una sonrisa traviesa en su rostro.- Me tienes totalmente hechizado. –sus ojos centellean un poco al mirarme.

-James, haces que me ponga colorada –digo yo sintiéndome muy vergonzosa. Bebo un trago del vino para pasar un trozo de carne que se me ha quedado atragantado tras la confesión de James.

-Es que es la verdad. Cuando te vi por primera vez, dirás que es una cursilada pero pensé que eras como un ángel caído. Toda de negro, con un halo de tristeza a tu alrededor pero bella como ninguna. Quería acercarme a ti y conocerte, aunque no sabía cómo hacerlo. Estuve toda la noche dudando entre si acercarme a ti o no. No quería parecer un ligón desesperado, Luego, simplemente desapareciste, y pensé que no volvería a verte. Entonces compré tu cuadro, y te juro que nunca he grabado un nombre tan a fuego en mi mente como el tuyo. Seguí investigando y descubrí que trabajabas en la escuela de arte Art&Co, así que he ido comprando cosas tuyas a lo largo de este tiempo.

Sigo sin saber qué responder. Mentiría si dijera que el hecho de que me haya estado investigando no me pone la piel de gallina, pero por otra parte, me siento realmente halagada. Le observo durante unos segundos sin decir nada. Es realmente guapo. Lleva el pelo más corto por detrás y por los lados, mientras que la parte de arriba luce como si acabara de levantarse. La barba de un par de días hace que sienta deseos de alargar la mano para acariciarle la cara. Sus ojos azules, casi transparentes, me observan silenciosos. Probablemente está esperando a que diga algo, pero no sé qué decir. Por una parte, me gustaría llamarle lunático y acosador, pero no puedo hacerlo. El hecho de saber que me ha estado siguiendo, a mí y a mis cuadros, me hace sentir feliz. Quizás mi historia con Javi no salió bien porque no tenía que ser. Este pensamiento hace que recuerde la conversación que hemos mantenido hace apenas unas horas, y frunzo el ceño ligeramente.

-¿Qué ocurre?-me pregunta él preocupado.

-Nada, simplemente he recordado algo que no acabo de comprender.

Me mira expectante. Seguramente espera una explicación a lo que acabo de decir, pero no quiero estropear el momento hablando de mi ex.

-James, te mentiría si te dijera que no me da un poco de miedo esta situación, pero por otra parte me siento realmente halagada. La cuestión es si realmente te sientes atraído por mí, por quien soy, o si quizás ves en mí un proyecto de reconstrucción. En ese caso, preferiría que lo dejáramos aquí, porque realmente hay cosas que no se pueden arreglar.

No sé si pienso realmente lo que acabo de decir. ¿No me puedo arreglar? No creo que el hecho de estar rota sea mi problema. Creo que estoy empezando a reconstruirme poco a poco y que mi problema es que estoy aterrada de que vuelva a hacerme lo mismo.

Suspira y alarga una mano hacia la mía, que reposa sobre la mesa cerrada en un puño. Entrelaza nuestros dedos y los aprieta ligeramente con los suyos.

-Alba, creo que eres la mujer más preciosa que he visto nunca- en todo momento no para de mirarme a los ojos. Mi corazón comienza a latir muy deprisa. Creo que él lo nota, porque sonríe ligeramente. –Pero es cierto que tu misterio me resulta fascinante. No puedo dejar de pensar en ti, en qué es lo que pasa por tu cabeza cada vez que me miras, o cuando estás pintando tus cuadros. Creo que reflejan muy bien el estado de ánimo en el que te encuentras. Me gustaría que pintaras un cuadro para mí. De esa manera puedo saber lo que sientes realmente.

Parpadeo varias veces. Puedo pintar un cuadro para él. Lo que me da miedo es no estar preparada para expresar lo que siento. Aunque pensándolo mejor, el arte es un modo de expresión libre, mucho más personal que las palabras, pero aún así, mucho más fácil para mí. Siempre he tenido cierto recelo en compartir mis sentimientos de manera hablada. Cuando era pequeña y estaba triste, solía encerrarme en el estudio de mi padre, le robaba algunas láminas y me ponía a pintar o dibujar sobre lo que me ocurría. Para mí, el arte era, y es, la manera más sencilla de expresar lo que siento. Cuando estoy feliz, mis cuadros rebosan de color, juegos de luces, paisajes, retratos… pero cuando estoy triste, es como si no tuviera un filtro. Me baso en las cosas cotidianas, pero de la manera más sombría posible. Siempre he tenido cierta obsesión con los ojos de las personas. Cuando tenía trece años, le pedí a Marta, mi profesora de pintura, que me enseñara a dibujarlos de la manera más realista posible. Me pasé meses y meses dibujando solo ojos, hasta que perfeccioné mi técnica y me sentí satisfecha con los resultados. Procuraba reflejar en ellos los sentimientos, las sensaciones que esa persona transmitía. Sin embargo, en mi época difícil, vamos a llamarla así, mis ojos eran planos. No transmitían sentimientos. No había nada en ellos. Simplemente eran ojos.

Pienso que me apetece mucho dibujar a James. Su cara simplemente, a carboncillo. Un contraste de blanco y negro pero que refleje todo lo que veo en él. Quiero que sus ojos brillen sobre el papel como siento que brillan cada vez que me mira.

-Estaré encantada de hacer un cuadro para ti- digo al tiempo que le sonrío. Su sonrisa se hace más amplia, mostrando la hilera superior de dientes blancos. Le aparece un hoyuelo en la mejilla cada vez que sonríe de esa manera, y en sus ojos brillan unas chispas. Nunca he visto una sonrisa más bonita, y siento como el corazón se me hincha. Nos sostenemos la mirada durante unos instantes más, hasta que la suya desaparece. Ahora en sus ojos veo deseo, y yo sé que él puede ver lo mismo en los míos. Mi sonrisa desaparece al mismo tiempo que se escapa un ligero suspiro de mis labios. Él lo interpreta de la manera correcta, ya que se inclina sobre la mesa para besarme. Al principio es un beso suave, acariciando levemente sus labios contra los míos. Siento su cálido aliento colarse entre el resquicio de mis labios, lo cual me hace suspirar más fuerte. Se le escapa un gemido al tiempo que alarga su mano derecha para cogerme por la nuca. Entrelaza sus dedos entre mi pelo y presiona mi cara más cerca de la suya. Sus labios se saborean, mientras que su lengua entra en contacto con la mía dentro de mi boca. No sé cómo, pero nos ponemos de pie sin siquiera soltarnos. Ahora su mano libre está agarrando la parte baja de mi espalda, con las yemas de los dedos prácticamente rozando mi culo. Me aprieta más contra él, y puedo sentir su erección contra mi vientre. Eso me hace gemir contra su boca, y él gime de vuelta. Mis manos, que estaban en sus bíceps, intentan agarrarse a su cuello pero, al ser tan alto, no consigo encontrar una postura cómoda, por lo que los deslizo a lo largo de su espalda hasta quedar a la altura de sus riñones. Le aprieto contra mí, nuestras lenguas aún siguen enroscadas. No puedo dejar las manos quietas y, por lo que siento, él tampoco. Ambos estamos tocándonos por todas partes, suspirando en la boca del otro, gimiendo. De repente, me levanta en el aire, sosteniéndome el culo con ambas. Mis piernas se enroscan automáticamente alrededor de su cintura. Seguimos de este modo durante varios minutos, quizás horas, hasta que se separa lentamente jadeando.

-No tenemos por qué hacer esto –dice mirándome a los ojos- Te juro que estaba totalmente fuera de mis planes esta noche- frunzo el ceño ligeramente.

-¿No me deseas? –pregunto en un hilo de voz.

-Por dios, Alba –restriega ligeramente su erección contra mi – ¿De verdad me estás haciendo esa pregunta? –parece un poco molesto.-Simplemente no quiero que pienses que sólo se trata de sexo para mí.

Suspiro aliviada.

-Quiero hacerlo también –le digo mirándole a los ojos –Aunque quizás esté un poco torpe… hace tiempo que no practico.

Se dibuja una sonrisa amplia en sus labios, de las que hacen que le salga el hoyuelo en la mejilla.

-Me alegro de que hayas decidido retomar la práctica conmigo, entonces –ahora su sonrisa es más divertida.

Me río brevemente, hasta que me doy cuenta que él ha vuelto a dejar de sonreír y está mirando mi boca sin perder detalle. Es entonces cuando yo paro la risa, y volvemos a besarnos apasionadamente. 


domingo, 14 de diciembre de 2014

Capítulo 4

Suena el despertador a las 9 de la mañana. Otra vez a trabajar. Tendré que quedar con Sara en el descanso de la comida para comprar un vestido para esta noche. Me levanto de mal humor. La última vez que miré el reloj anoche eran las tres de la mañana y estoy rendida. Voy al baño a ducharme, pero no me lavo el pelo. Ya me lo lavaré por la noche para ir a la fiesta y, además, ahora no estoy de humor. Me seco rápidamente y me pongo unos pantalones color ciruela con un jersey de cachemira en color azul oscuro. Me pongo mis Ugg azul oscuro, del mismo tono que el jersey. Voy al baño y consigo hacerme un moño decente, aunque he usado la mitad de las horquillas que tenemos. Algunas se me clavan  en la cabeza, y solo hace que me enfade aún más. Me maquillo las horribles ojeras que me han salido, que parece que le han cogido cariño a mi cara, rímel, colorete, y hale, a correr.

Bajo a la cocina a desayunar y ahí está Sara, como siempre. No sé por qué madruga tanto si no tiene nada que hacer. Le he preguntado mil veces que por qué lo hace pero ella dice que siempre se despierta sola a las ocho. Pues que suerte, chica. A mí me cuesta horrores levantarme. Está ojeando algo en su ipad. Cuando siente mi presencia, levanta la vista y me sonríe.

-Buenos díaaas- ¿Cómo consigue estar siempre de buen humor? ¿Se chutará endorfinas?- tienes un poco de mezcla de tortitas que sobró de ayer, si te apetece. Te las hago yo para que no te manches.

-Gracias, Sari- digo yo sirviéndome un café. Le echo un poco de leche y una pastillita de sacarina y le doy un buen trago. Mmm, que rico. Por fin algo reconfortante.

Me siento en el taburete de la isla mientras ella me hace unas crepes.

-¿Pasas a buscarme por el trabajo hacia las 12 para ir a comprar los vestidos?- le pregunto yo mientras miro lo que estaba ojeando en el ipad.

Son fotos de Derek. La tía ha estado buscando información sobre él en internet. Leo un poco lo que cuentan y veo que tiene varias películas independientes y un par de grandes producciones. Eh, incluso una de ellas la he visto. Miro a mi hermana que me observa con una sonrisa.

-¿Te acuerdas que la vimos cuando estábamos en segundo de carrera?- me dice ella. Le brillan los ojos como a una adolescente, y está tan graciosa con su pijama de cuadros y la pala de madera con la que cocina en la mano…

Me levanto de la banqueta y voy hacia ella. Ay, mi hermana. Cuanto la quiero. Le doy un abrazo de oso y ella suelta una carcajada.

-Vale ya, gruñona- me dice ella con una sonrisa.- Que se me va a quemar tu desayuno- Me siento culpable por enfadarme con ella tanto. Y tiene razón. Soy una gruñona.

Vuelvo a sentarme en la isla y espero impaciente a las tortitas de mi hermana. Digamos que ella tiene un don cocinando cosas dulces. Aunque a mí me sale bien, ella tiene su toque personal que hace que todo sea delicioso.

Me pone delante un plato y empiezo a comer. Ya les ha echado azúcar y están buenísimas.

-Por cierto, sí. A las 12 paso a buscarte. Vamos a esa boutique que hay cerca de la escuela.

-Vale, genial. ¿Luego comemos juntas? –le digo yo entre bocado y bocado.

Ella asiente y se sienta a mi lado.

-Se que estás un poco rallada con lo de James, pero yo te animo a que disfrutes, Alba. El cabrón de Javi te dejó hace más de dos años y tú eres una tía genial que se merece disfrutar de la vida. Eres guapa, lista, divertida, y lo mejor de todo es que no te das cuenta.

Mi hermana tiene una filosofía distinta de la mía. Ella es de “Carpe Diem”. Disfruta el momento. No es que no esté a favor de ello, pero creo que le doy demasiadas vueltas a las cosas para dejarme llevar.

-Tienes razón –digo yo bebiendo el último sorbo de mi café- Es solo que me da miedo colgarme por él y que me vuelva a romper el corazón –la última frase me sale en voz baja.
Ella me mira con una sonrisa tierna y me aprieta el hombro con la mano.

-Ya lo sé, tonti, pero date cuenta que de esa manera no solo te estás perdiendo lo malo, sino también lo bueno. ¿Y qué pasa si de aquí podría salir una bonita relación y tú ni siquiera le das una oportunidad por miedo? Si te rompe el corazón, no te preocupes, que yo le rompo las piernas –dice ella poniendo el brazo en plan forzudo sacando bola.

Me da un ataque de risa, y ella se une. Le doy un abrazo fuerte y me levanto para prepararme para ir a trabajar.

-Te quiero mucho, sister- le digo y le doy un beso sonoro en la mejilla.

-Y yo a ti más- me responde ella sonriendo de oreja a oreja.

Subo las escaleras para ir al baño y lavarme los dientes. Cojo el bolso y bajo al estudio a recoger mis cosas. Sara está tirada en el sofá viendo la tele.

-Te veo a las 12- grito desde la entrada, poniéndome el abrigo.

-Vaaaale, que tengas un buen día- me responde ella.

Salgo de casa y me dirijo al metro. Esto es lo que más me gusta de mi hermana. Es la persona que más me saca de quicio, pero en el fondo es la única capaz de sacarme de mi mal humor. Hablar con ella para mí es como una sesión con el psicólogo y encima gratis. Sé que para ella las relaciones no son importantes, pero es capaz de ponerse en mi lugar y ver la situación desde mi punto de vista. No soy reacia a las relaciones en general, solo estoy totalmente en contra de los hombres que te hacen pensar que eres la mujer de su vida, que sin ti no pueden vivir y de buenas a primeras cambian de parecer. Javi había sido el único chico al que verdaderamente le había entregado mi corazón ciegamente. Confiaba en él más que en nadie, y me lo pagó arrancándome el corazón sin anestesia y pisoteándolo en el suelo. Sé que sueno como una vieja amargada, pero es así como me he sentido durante todo este tiempo. Abandonada, reemplazada, sustituida. ¿Por qué? Por la novedad. Por algo que ni siquiera tiene buen pronóstico. ¿Qué se va a mudar él a Bélgica? O ¿quizás ella se vaya a España? Por favor.

Cuando me quiero dar cuenta, estoy entrando por la puerta de la escuela. Libero todo el lastre en el despacho, me pongo la bata de trabajo y me voy a clase, procurando no seguir dándole muchas vueltas a la cabeza.

******************

A las doce llaman a la puerta de mi despacho y veo a Sara asomando la cabeza por el resquicio. Recojo los papeles que estaba mirando y me pongo el abrigo para salir con ella.
-Vamos- le digo mientras salgo con ella por la puerta.

Caminamos un par de calles abajo hacia una boutique donde venden unos vestidos de fábula. Entramos por la puerta y enseguida nos atiende una dependienta muy mona, con unas pestañas postizas tremendas. Pobres inglesas, todas llevan esa parafernalia en la cara que tiene que resultar tan incómoda. La única vez que me puse pestañas postizas casi me saco un ojo. Además, se me metió pegamento y estuve con conjuntivitis durante una semana.

Sara se prueba un vestido verde esmeralda precioso. Es de gasa, con un forro del mismo tono para que no transparente. Tiene corte de estilo griego, con los tirantes gruesos y el cuello cuadrado. Además, lleva unas tiras beige cruzadas debajo del pecho que le realzan la figura. Le sienta estupendamente, y para complementar el look se compra unos peep toe beige de charol. Encuentra un bolso de mano a juego, y lo complementa con una gargantilla de esmeraldas y ámbares.

Yo encuentro un vestido de raso color champán. Tiene el escote en pico y la espalda descubierta, solo sujeto con unas tiras cruzadas a la altura de los lumbares. Es muy sexy y me siento como una estrella de cine. Encuentro en la misma tienda unas sandalias de tacón con tiras muy finas de color negro con brillantes incrustados. No me compro complementos, porque en casa tengo una gargantilla de diamantes que me regaló mi padre cuando me gradué. Nunca le pregunté cuánto le había costado, pero sé que es cara, muy cara.

Cuando salimos de la tienda, nos hemos dejado casi 2000 libras entre las dos. Madre mía, menos mal que mi padre nos consiente este tipo de gastos y que somos bastante comedidas en el día a día, sin hacer grandes derroches. Vamos a una pizzería que está al lado de la boutique y nos ponemos las botas. A la una y media tengo que volver a la escuela, ya que mi próxima clase es a las dos. Sara se lleva mi vestido y mis sandalias a casa y yo regreso al trabajo.

Cuando llego a mi despacho veo que Paul me está esperando en la puerta. Mierda, me había olvidado del asunto Paul con todo lo de James.

-¿Te lo pasaste bien el jueves, Alba?- noto cierta ironía en su tono, y no me gusta.

Le miro mientras abro la puerta de mi despacho y frunzo el ceño.

-Pues sí, ¿y tú te lo pasaste bien? –le pregunto en el mismo tono.

-A decir verdad, tenía otros planes para esa noche.- entra en mi despacho y se sienta en la silla de frente a la mía. Está enfadado, y yo también.

-No pienso preguntarte cuales eran tus planes, Paul –digo yo mientras miro una carpeta con unos proyectos para mi próxima clase. No le miro intencionadamente. Quiero que sepa que estoy ocupada y que no es bien recibido en este momento.

Además, no me gusta el tono que está teniendo conmigo. Yo nunca le he dado a entender que podemos tener algo y si él ha malinterpretado mi actitud amistosa tendrá que salir de su error por sí mismo. No pienso justificarme por nada de lo que he hecho.

Al ver que no dice nada, levanto la vista para mirarle y veo que me observa con el ceño fruncido. Empiezo a tamborilear los dedos sobre la mesa, en un gesto impaciente. Espero que lo interprete como que se me está agotando la paciencia y que, en este momento y con esa actitud, no es bien recibido. Suelta un gruñido de frustración, se levanta enfadado y da un portazo al salir de mi despacho.

¿Pero qué se ha creído? ¡No tiene ningún derecho a enfadarse! En fin, espero que se le pase. Es la persona con la que mejor me llevo de todos los que trabajamos en la escuela, y no tengo ganas de tener malos rollos en el trabajo.

Me levanto de la mesa y me pongo la bata para las clases. Me espera una tarde movidita.
                                               
                                                                        *******************

A las siete salgo de la escuela en dirección a la parada de metro. Echo a correr porque el próximo pasará en cinco minutos y no quiero perderlo. Consigo llegar a tiempo, pero ya no quedan sitios libres así que me tocará ir de pie hasta que se baje alguien en una parada.

Estoy algo preocupada por la actitud de Paul. Empiezo a repasar una por una todas mis actitudes con él, y creo que nunca le he dado a entender nada más que no sea una amistad. No entiendo qué le pasa. En fin, para que luego digan que las complicadas somos las mujeres.

Por fin llego a casa hacia las siete y media. Sara está en su habitación con la música a todo trapo. Llamo a su puerta, pero no me oye, así que entro, y me la encuentro en bragas y sujetador bailando. Me entra la risa y al oírme se gira y se ríe también.

-Holaaa –me saluda ella, todavía con el cepillo del pelo en la mano como si fuera un micrófono.

Me vuelvo a reír y me doy la vuelta sacudiendo la cabeza para ir a mi habitación y para meterme en el baño. Me doy una ducha con mi jabón de coco preferido y me lavo el pelo con mi champú de fresas. Me pongo una mascarilla de medios a puntas y, mientras hace efecto, me exfolio la cara con mi exfoliante de carbón natural. Me enjuago bien todos los productos y me seco con cuidado. Me echo bien de crema hidratante en el cuerpo y en la cara. Además, me aplico contorno de ojos y bálsamo labial. Estos rituales solo los hacemos cuando vamos a una fiesta especial. Cuando entro en el vestidor, veo el vestido champán colgado de una percha y los zapatos a sus pies. ¡Qué bonito es! No puedo llevar sujetador con él así que me pongo unos parches de silicona que hacen de sujetador, para que no se marquen los pezones. Tiene un escote muy bajo en la espalda por lo que me tengo que poner un tanga bien pequeño para que no se me vean las tiras. Me pongo mi bata y las zapatillas y voy al baño a secarme el pelo. Me lo voy a alisar bien y voy a hacer un recogido flojo. Un moño en forma de nudo con algunos mechones sueltos por la cara. Cuando consigo que tenga el aspecto que espero, me toca maquillarme. Primero me aplico una prebase de sombras en los párpados para que me aguanten bien toda la noche. Voy a hacerme un ahumado ligero en tonos grises. A continuación, me aplico un corrector de larga duración en la zona de las ojeras, base de maquillaje en la cara y polvos para sellarlo todo. Me contorneo la cara con un color terracota y me echo un poco de colorete en un tono burdeos. Finalizo el maquillaje con un par de capas de máscara y un poco de brillo de labios transparente. Me miro en el espejo, y me veo muy guapa. Un poco rara, ya que no estoy acostumbrada a maquillarme tanto pero, definitivamente, guapa.

Voy a la habitación para ponerme el vestido. Se desliza por mi piel como un guante. La tela es muy suave y fresca. Como todavía hace frío, me pondré un abriguito de pelo de color blanco roto monísimo. Busco en mi joyero el colgante de diamantes y me lo ato. En las orejas me pongo unos pequeños brillantes, ya que no quiero que la gargantilla pierda protagonismo. Me echo mi colonia favorita, cojo una bombonera de color negro donde me entra el móvil, el brillo y unos clínex a duras penas. Espero que a Sara le entren las llaves de casa en el suyo. Me calzo las sandalias y estoy lista. Repaso mi aspecto en el espejo de mi habitación y… Uau, irreconocible.

Voy al encuentro de mi hermana a su habitación. Está calzándose. Madre mía, está preciosa. Se ha hecho un recogido con varias trenzas, muy estilo griego, que va perfecto con el vestido. Levanta la vista cuando me siente y sus ojos se abren como platos.

-Vaya –dice en un susurro- estás espectacular- sus ojos siguen abiertos de par en par.

Me entra una risita nerviosa y hago un gesto con la mano, para quitarle importancia.

-A mi no me entran las llaves en el bolso, ¿te entran a ti? –le pregunto para cambiar de tema.

-Sí, creo que sí. Déjame ver.- Coge las llaves de su bolso y comprueba que le entre todo en el bolsito de mano –sí mira, perfecto- dice cuando consigue cerrarlo a presión.

Coge un chal beige que se pone sobre los hombros y ambas bajamos al piso de abajo.

Salimos a la calle y, joder, ¡qué frio! Nos da un escalofrío a ambas, y nos dirigimos con paso ligero hacia la casa de James, que está unas calles más allá de la nuestra.

En cuanto nos acercamos, ya vemos las luces de una gran mansión, todos los alrededores llenos de coches y algún que otro fotógrafo. Hay un tipo de seguridad en la puerta que nos pregunta los nombres, y Sara amablemente le responde. Él mira en su lista y nos da el visto bueno.
Suspiro aliviada. Estas cosas siempre me ponen nerviosa. Incluso sabiendo que mi nombre está en esa lista siempre pienso que ha podido haber un error, o que se han olvidado de mí.

Entramos en la casa y nos encontramos con un recibidor enorme, presidido por unas escaleras muy modernas de hierro forjado en color oscuro. Aunque la casa por fuera es bastante clásica, por dentro está hecha con parquet oscuro y paredes de ladrillo combinado con yeso en tonos cálidos. Está muy moderna decorada, estilo loft de chico soltero. Minimalista pero acogedor.

Estoy observando la casa, cuando siento que alguien se acerca a nosotras. Es Derek que viene con dos copas de champán.

-Chicas, estáis impresionantes. -Él lleva un traje oscuro con corbata oscura también y camisa blanca. Está muy guapo. Nos da una copa de champán a cada una, y se ofrece a guardarnos los abrigos. Cuando se los damos, desaparece detrás de la escalera con ellos, hacia un pasillo que deduzco llevará a una habitación. Sara y yo nos miramos y parecemos dos paletas, ahí paradas en medio de la entrada con una copa de champán observando todo embelesadas. De pronto, siento que alguien me coge de la cintura y me da la vuelta. ¡James! No creo que sea legal estar tan guapo. Lleva un traje negro y pajarita, igual que en la foto que me enseñó Sara hace unos días. Lleva el pelo, que necesita un corte, repeinado ligeramente hacia atrás, de manera que parece una estrella de cine. Él me mira de arriba abajo con una sonrisa. Yo me doy tímidamente la vuelta, para que vea la espalda de mi vestido y cuando vuelvo a mirar hacia él tiene las pupilas dilatadas. Mmm, le gusta lo que ve. Me doy una palmadita mental en la espalda y sonrío de oreja a oreja. Él se acerca lentamente y me da un breve beso en los labios.

-No respondiste a mi mensaje de ayer –dice en un susurro. ¡Mierda! Con todo el lío que tenía me olvidé de responderle.

-Es que me quedé frita en cuanto llegue –miento sobre la marcha- y esta mañana he tenido que irme pitando al trabajo, que llegaba tarde… luego cuando he salido de trabajar, ya te iba a ver enseguida, así que decidí hacerme un poquito de rogar.

Él finge estar ofendido, poniéndose la mano en el pecho. Hace un gesto de dolor y yo me río de su reacción.

-Que sepas que eres la única mujer en el mundo que no me ha respondido a un mensaje –dice él en un tono sensual.

De repente, soy consciente de que les ha mandado mensajes a otras y me pongo celosa. Frunzo el ceño y le contesto en un tono un poco impertinente.

-Bueno, alguna tenía que ser la primera –levanta las cejas ante mi tono de enfado y él también frunce el ceño.

-Eh, no te enfades –me dice agarrándome suavemente de los brazos- solo era una broma.

Mi pobre hermana Sara está presenciando todo este follón, o eso creo yo, porque cuando me doy la vuelta la encuentro charlando animadamente con Derek. Sé que está tonteando con él, por la manera que tiene de apoyar su mano en el brazo de éste, o por cómo se inclina hacia atrás para reírse. ¡Sarita, que se te ve el plumero! Observo divertida a mi hermana, hasta que soy consciente de que James sigue plantado a mi lado, mirándome en silencio. Como ya han pasado unos minutos, mi enfado se ha disuelto y ya puedo ser una persona normal. 

Me giro hacia él que me observa con gesto preocupado y le sonrío. Sí, hijo, sí, tengo un pronto un poco fuerte, pero se me pasa enseguida. El pobre debe de pensar que estoy como una cabra. Al ver que mi actitud vuelve a ser amistosa,  me sonríe de vuelta y me coge por la cintura.

-Ven, te voy a enseñar la casa.

Me lleva de la cintura hacia una estancia a la derecha. Es el salón principal, donde hay al menos 40 personas dispersas bebiendo champán y charlando en grupos. Reconozco algunas caras famosas de las revistas que Sara lee. Se oye música de fondo, Jazz o algo parecido. Veo que en las paredes hay montones de cuadros modernos y reconozco uno inmediatamente.

-¿De dónde lo has sacado?- le pregunto con los ojos como platos. Es uno de los primeros cuadros que vendí cuando llegué a Londres. Es bastante abstracto y representa la fecundación. Sí, ya sé que es un tema un poco raro, pero cuando lo pinté estaba en una época un poco difícil.

-Lo compré hace más o menos dos años en una exposición -dice mirándome de reojo.

Al poco de entrar a trabajar en la escuela, nos propusieron montar una exposición a todos los miembros en una galería de arte muy famosa de Londres. Yo, de aquellas, solo había pintado tres cuadros y los vendí los tres. Recibí 40.000 libras por todos ellos, lo cual nos vino estupendamente. Así que uno de los compradores había sido James, qué curioso.

Le miro y está observando mi reacción. La verdad, no sé como tomármelo. Ese cuadro me recuerda a una época un poco turbia, en la que estaba terriblemente deprimida por mi ruptura con Javi y todos los cuadros que pinté eran bastante crudos. Nada de sutilezas. Además, la gama de colores se basaba en los tonos fríos, como los grises, negros y azules.
 
-No ha sido del todo casualidad que nos conozcamos, ¿sabes? –dice él en un susurro. Parpadeo rápidamente en su dirección y veo que él evita mis ojos.- El día que compré el cuadro, tú estabas en la galería. Estabas tan guapa, con aquel vestido negro… pero se te veía tan triste. He estado siguiéndote la pista desde entonces. –continua. Su voz cada vez  más baja- Creo que me enamoré de ti en ese momento. Tengo más cuadros tuyos por la casa.

Madre mía, y ¿cómo me tomo yo esto? ¿Es un loco psicópata obsesionado conmigo?

Le miro con los ojos como platos. Él me mira con aire arrepentido. Está esperando a que reaccione de alguna manera. Lo único que soy capaz de hacer es beberme de un trago la copa de champán que llevo en la mano y coger otra cuando un camarero pasa a mi lado. Le doy un buen trago a mi segunda copa y sigo meditando lo que me acaba de decir.

-Dime algo- dice él impaciente.-por favor- la última frase es una súplica.

-¿Estás obsesionado conmigo o simplemente te gustan mis cuadros? –pregunto  cuando soy capaz de encontrar las palabras.

-Tus cuadros me encantan, pero tú me encantas también. –dice él encogiéndose de hombros ligeramente- Cuando me encontré con tu hermana en el supermercado, de hecho, pensé que eras tú. Por eso la invité a la fiesta. Cuando me dijo su nombre, me sorprendió pero pensé que quizás tenía dos y uno lo utilizaba para el trabajo y el otro para el día a día. Lo curioso sucedió cuando me choque contigo por la calle al día siguiente. Sentí lo que había sentido en la galería aquel día. No sé si tú también lo sientes, Alba, pero cuando estoy cerca de ti es como si me cruzara una descarga eléctrica. Me siento terriblemente atraído por ti, y ahora que te tengo tan cerca no creo que pueda alejarme.

Menuda declaración. Me ha dejado de piedra. Joder, así que ¿todo estaba medio preparado? Quería que viera su casa nueva para que me encontrara con mis cuadros y así poder soltarme este bombazo. Sin suavizarlo ni nada, hale, de sopetón. Ahora entiendo la mirada de Derek en la puerta del centro comercial.

Me quedo en silencio durante unos segundos. Me bebo lo que me queda de champán y le miro. Él está nervioso, lo sé. Está esperando a que diga algo y yo me he quedado totalmente sin palabras. Como no se me ocurre nada inteligente que responder me acerco a él y le planto un beso en los labios. Él se queda quieto al principio, no se esperaba esta reacción. Seguramente esperaba que echara a correr despavorida, y quizás es lo que tendría que hacer, pero, vamos a ver ¿Cuándo un tío guapo, amable y encantador te va a decir que lleva dos años pillado por ti? Pues nunca, o bueno, seguro que ésta es la única vez. Al cabo de un par de segundos reacciona, y me abraza con un brazo por la cintura, acercándome a él. Su otra mano me acaricia la cara con ternura mientras me besa más apasionadamente. Atrapa mi labio inferior entre los dientes y se me escapa un gemido. Él sonríe contra mis labios, y apoya su frente contra la mía, con los ojos aún cerrados.

-Vaya, esto sí que no lo esperaba- dice él sonriendo todavía.

Cuando abre los ojos veo que le brillan ¿de felicidad? Espero que sea eso y no por las burbujas del champán. Me suelta ligeramente y me pone una mano la espalda.

-Vale, ahora ya te puedo enseñar el resto de la casa.

Me va mostrando habitación tras habitación y en todas ellas hay, al menos, un cuadro mío. Toda la casa está decorada del mismo estilo. Mezclando paredes de ladrillo con hormigón, parquet oscuro en todo el suelo. La casa consta de cocina, salón principal con comedor, 5 dormitorios, 6 cuartos de baño, un estudio, una sala de televisión, gimnasio con sauna y piscina climatizada. Madre mía, y yo que estaba orgullosa de mi casita. No sé para qué quiere una casa tan grande viviendo él solo. Se lo preguntaré más adelante.

 Cuando volvemos al salón principal, veo a Sara y Derek charlando con dos hombres. Ella ha tomado su postura profesional, así que sospecho que tienen algo que ver con el cine.

-Son Tom Lucas y Oliver Moore- me dice James al ver que los miro. Sus nombres me suenan de oír a mi hermana hablar de ellos, así que deben ser grandes directores.

Cuando pasa un camarero cogemos otras dos copas de champán y siento que me está empezando a hacer efecto el alcohol. Veo al fondo del salón una mesa con comida y le propongo que nos acerquemos a comer algo, ya que no quiero emborracharme otra vez. Hay caviar, rollos de salmón ahumado, bandejas con sushi y canapés variados. Como un poco de todo, para  llenar el estómago y veo que él me observa sonriendo.

-¿Qué?- le pregunto, cuando trago el último canapé.

-Nada –sonríe más ampliamente –me gusta que comas. Estoy acostumbrado a ver a modelos esqueléticas muertas de hambre –añade encogiéndose de hombros.

Sonrío tímidamente. Oh sí, no te preocupes, que de comer nunca me olvido.

Nos acercamos donde están mi hermana y Derek y me presenta a ambos directores de cine. Resulta que he visto un montón de sus películas, que son todas grandes producciones hechas en Estados Unidos.

Charlamos con varias personas más, y James me presenta a cada una de ellas. Al final de la noche he conocido a varios actores famosos, cantantes, modelos, compositores, directores… en fin, la “crème de la crème”.

Me siento un poco aturdida por todo lo que ha pasado, así que cuando son las dos de la mañana le propongo a Sara que nos marchemos. Ella me hace pucheros, pero luego se acuerda de que me prometió que nos marcharíamos pronto y cede.

Nos despedimos de Derek, yo con un breve abrazo y ella con un beso en la mejilla. James nos acompaña a la puerta y nos trae los abrigos.

-Déjame que os acompañe a casa- dice él poniéndose su propio abrigo.

-No te preocupes- digo mirándole- No hace falta que desatiendas a tus invitados por acompañarnos. Vivimos al final de la calle- añado con una sonrisa.

-Lo sé, pero quiero hacerlo. Además- continúa él- no me echaran de menos por unos minutos.

Salimos al frío de la calle y yo me arropo en mi abriguito de pelo. Es tan suave... caminamos los tres en dirección a nuestra casa. Sara comenta emocionada sobre todos los directores de cine que ha conocido hoy, y nos cuenta que dos de ellos le han propuesto hacer las pruebas para sus próximas películas. Me alegro mucho por ella, así que le sonrío con cariño mientras parlotea.

Cuando llegamos a la puerta de casa, ella le da un breve abrazo a James y entra, dejándonos despedirnos solos.

-Hoy estabas espectacular- dice él metiéndome un mechón de pelo detrás de la oreja. Me mira con los ojos brillantes, y solo deseo que esto funcione. Espero que las cosas salgan bien entre nosotros y podamos intentar algo juntos.

-Gracias, tú también –digo yo sonriéndole tímidamente.

-Me alegro mucho de que no hayas salido corriendo. Estaba un poco acojonado esperando tu reacción –dice él cogiéndome las manos. Entrelazamos los dedos y nuestros brazos se balancean ligeramente de un lado para otro.

-Sí, ha sido una sorpresa para mí también –comento divertida.

Él se ríe, pero de repente vuelve a haber esa tensión entre nosotros. Nos miramos fijamente a los ojos el uno al otro durante varios instantes. Después, él se aproxima lentamente hacia mí, desviando la mirada a mis labios y me besa. Yo le agarro por los brazos y él me coge de la cintura con ambas manos, pegándome a su cuerpo. Como siempre, el beso comienza lento, pero poco a poco se vuelve más duro. Yo le agarro por el cuello, metiendo los dedos entre los mechones que le rozan la nuca. Después de varios minutos, como siempre, nos separamos jadeando. Seguimos mirándonos a los ojos durante unos segundos más hasta que nuestra respiración se normaliza.

-Igual es demasiado, pero me gustaría volver a verte mañana- dice él- Los dos solos –añade.
Me doy cuenta de que en realidad no hemos tenido una cita los dos para conocernos más profundamente. Asiento con una sonrisa.

-Te invito a cenar en mi casa. Si te parece bien –lo último suena como una pregunta- No quiero que pienses que te quiero llevar a la cama, es que quiero cocinarte algo –añade él explicándose.

Me río ligeramente, porque veo que vuelve a estar nervioso.

-Está bien –le tranquilizo- ¿me paso a las ocho? –pregunto.

-A las ocho es perfecto –me da un beso ligero- Que descanses, preciosa. –me sonríe y se da la vuelta.

Entro en casa y me voy directa para la cama.

Ya le contaré todo a Sara mañana.




Otras entradas que te pueden interesar

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...