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miércoles, 11 de marzo de 2015

Capítulo 5

Me despierto de repente, cuando siento que alguien se mete conmigo en la cama. Gruño ligeramente y oigo una risita a mi lado. Sara. Hacía lo mismo cuando éramos pequeñas. Como ahora, se despertaba antes que yo y se metía conmigo en la cama para molestarme. Sigo con los ojos cerrados, pero ella empieza a hacerme cosquillas en los costados y no tengo más remedio que abrirlos mientras intento apartarla para que pare. Ella sigue riéndose como una niña pequeña hasta que, sin querer, le doy una patada en la pierna.

-¡Au! –se queja ella. Todavía se aprecia el tono divertido en su voz. –Venga, levántate ya, que me aburro yo sola. –me da un azote en el culo y sale de mi cama.

Me giro gruñendo y miro el reloj. Las 10 de la mañana. Joder, Sara, que es domingo. La oigo canturrear por el pasillo y decido levantarme.

Me pongo las zapatillas y salgo a su encuentro. Está limpiando el polvo del piso de arriba. Nooo, me va a obligar a ayudarla. ¡No quiero!

Voy al baño para lavarme la cara. Me miro en el espejo y tengo mucho mejor aspecto que ayer. Los ojos me brillan ligeramente y las ojeras han desaparecido y sé que la razón es porque estoy emocionada por todo lo que pasó la noche anterior. Madre mía, James está pillado por mí en serio. Hago un bailecito delante del espejo y le sonrío a mi reflejo. Me doy la vuelta y me encuentro a Sara observándome con una sonrisa en la puerta del baño. No dice nada, pero sé lo que está pensando. Le saco la lengua y ella se da la vuelta soltando una carcajada para seguir limpiando.

Bajo a la cocina a desayunar, y cuando me estoy echando una taza de café suena el teléfono. La dejo sobre la encimera y contesto:

-¿Si?
-Buenos díaaaas- la voz de Charlie suena desde el teléfono.

-Hola, ¿cómo estás? –pregunto yo en el mismo tono animado.

-Bien –responde ella- Estamos pensando en ir a pasar el día a Hyde park, ya que ha amanecido con este solazo, ¿os apuntáis? –pregunta.

-Espera, que le pregunto a Sara –tapo el auricular con la mano para preguntarle a mi hermana. Ella me responde que ha quedado con Derek para comer –Sara ha quedado para comer, y yo tengo cosas que hacer.

-Joo, ¡qué pena! –dice ella con tono mimoso- Bueno, ¡Que os lo paséis bien!

-Vale, Char, lo mismo te digo.

Y colgamos.

Sigo con mi desayuno, y me lo llevo al salón para ver la tele mientras como. Están echando un programa que me encanta de unos gemelos que ayudan a gente a comprar casas de segunda mano y arreglarlas.

Me entretengo parte de la mañana viendo la tele, hasta que Sara me reclama para que la ayude con la limpieza. Pasamos el aspirador por toda la casa, limpiamos los baños y hacemos la colada.

Hacia las 12 y media ella comienza a prepararse para su comida con Derek y yo me vuelvo a tirar en el sofá.

-He quedado para cenar con James- le digo mientras se pone el abrigo para salir de casa. –Lo digo por si no has vuelto para cuando tenga que irme.

-Vale, no te preocupes. Derek me ha dicho que vamos a ir a un restaurante a comer y luego iremos a ver una obra de teatro, así que seguramente llegue tarde.

-Muy bien, disfruta –le digo haciendo un gesto con la mano para despedirme. Ella me sonríe y sale por la puerta.

Oigo que habla con alguien fuera y el ruido de una puerta de coche cerrarse.

Bueno, y ¿ahora qué hago? Decido prepararme unos espaguetis para comer y me lo llevo al salón.

Son las tres cuando termino, y me levanto del sofá para limpiarlo todo.

Como ya no tengo nada que hacer me lleno la bañera para darme un baño relajante. Echo en el agua un aceite que hace mucha espuma y me sumerjo entre las burbujas. ¿Qué haremos hoy James y yo? ¿Intentará acostarse conmigo? Sé que ha dicho que esa no era su intención, pero no creo que yo pueda resistirme. Ejerce tal tentación sobre mí que solo pensar en la cena ya hace que me tiemblen las piernas. Será la primera vez que estemos realmente a solas, y tengo cierto temor a no saber qué decir, o comportarme de modo extraño. Madre mía, por si acaso, tendré que depilarme bien, no vaya a ser que la cosa se nos vaya de las manos. Cojo la cuchilla y un poco de aceite, y me lo restriego por las piernas. Con cuidado, voy deslizando la hoja a lo largo de mis piernas. Aprovecho y me quito también el vello de axilas e ingles, dejándome una pequeña línea de vello. Me recuesto sobre la bañera, apoyando la cabeza en el borde protegido con una toalla mullida a modo de cojín. El silencio me relaja y cierro los ojos disfrutando de la sensación de las cálidas aguas envolviendo mi cuerpo. Cuando siento que los dedos de manos y pies están arrugados como uvas pasas decido que ya he tenido suficiente y me lavo el pelo. Me aclaro bien toda la espuma y salgo de la bañera. Me seco todo el cuerpo, me pongo una toalla en la cabeza y vuelvo a mi habitación. Miro el móvil y veo que tengo una llamada perdida. Oh, no. Es un número que no tengo guardado, pero sé perfectamente de quien es. ¡Es Javi! ¿Para qué me llamará? Empiezo a darle vueltas al asunto. A lo mejor lo ha dejado con su novia belga y ahora quiere volver. Pues lo lleva claro, el tío. Decido echarle un vistazo a su facebook, para ver sus últimas actualizaciones. Enciendo el ordenador, y mientras se abre empiezo a morderme las uñas. ¡Mierda! Estoy de los nervios. Tarda una eternidad en cargarse, o al menos así lo siento yo. Finalmente se abre la pantalla del explorador y le doy al enlace rápido del facebook. Escribo en el buscador de personas su nombre y se abre su perfil. Qué guapo está en su foto principal. La ha cambiado, ya que antes tenía una foto dándose un morreo con su novia. Miro los detalles de su perfil, y en efecto, ¡ahora pone que está soltero! Tamborileo los dedos en la mesa de mi escritorio, cada vez más nerviosa. ¿Pero para qué me llama? Dios mío, si hace casi dos años que no hablamos. Con todo el jaleo de Javi no me había dado cuenta de que tengo una petición de amistad. La abro y ahí está James. Tiene un nombre distinto: Jamie Park. Supongo que es para que no le encuentren y le atosiguen con peticiones de amistad. Le acepto inmediatamente. Empiezo a mirar sus fotos, y madre mía, está guapísimo en todas. En algunas sale con sus amigos, en fiestas y reuniones informales, otra carpeta es de algunos de sus trabajos de modelo. Miro esa carpeta con más detenimiento. ¡Vaya cuerpazo que tiene! Está estupendo en ropa interior. Me deleito un rato más con sus fotos pero en la esquina de abajo veo que Javi me abre conversación.

-Hola, stas?

¿Qué hago? ¿Contesto? Decido que lo mejor es contestarle, para que no piense que aún me sigue afectado.

-Sí, Hola, cmo stas?

-Bien, hs vsto mi llamada?

-Si, acbo d verla. Q qerias?

-Nda, hblar cntigo. Hace añs q no se nda de ti.

Así que ahora quiere saber de mí, ¿Pero de qué va? Fuimos mejores amigos desde que teníamos 6 años, salimos cuatro años juntos, me deja y desaparece totalmente de mi vida, y encima parece que es culpa mía.

-Ah, ps todo bn. Sigo en Londres.

-Sí, ya he vsto las ftos en tu fb. te va tdo bn?

-Gnial. Stoy trbajando en una escuela d arte, y vivo en una csa en Notting hill cn mi hrmana.

-Estpndo. Y cndo vnes a España?

¿Eh?

-No lo sé. Cmo trbajo no tngo mcho tiempo libre.

-Ah, vaya. Sq tengo mchas gnas de verte.

Pongo los ojos en blanco a la pantalla. No quiero seguir hablando con él.

-Oye, tng q dejarte. He qedado en un rato.

-Ah, vale. L spngo q ya hablarems.

-Ok, chao.

-Adios, un beso.

Cierro inmediatamente el facebook. Estoy alucinando. O sea, lo deja con su novia, y ahora quiere saber de mí. ¡Será desgraciado! Miro el reloj y veo que con las siete. ¡Mierda! Solo tengo una hora para prepararme. Decido no pensar más en Javi y ponerme manos a la obra.

***************

A las ocho menos diez ya estoy lista. Me he puesto unos pantalones negros ajustados y una camisa color coral de seda. Además he añadido un collar muy bonito que compré en topshop el invierno pasado y unos stilettos negros con tacón alto. Me miro en el espejo y me doy por satisfecha. Me he maquillado ligeramente y peinado el pelo en bucles anchos.

Salgo de casa bien abrigadita y camino hacia la mansión de James. Ya no quedan restos de la fiesta de anoche en los alrededores, así que deduzco que ha contratado un servicio de limpieza. Empiezo a ponerme algo nerviosa, dado que no sé cómo va a progresar la noche.

Camino por la entrada empedrada hacia la puerta principal y toco el timbre. Me abre al cabo de varios segundos, y ¡vaya! Está impresionante. Lleva una camisa blanca metida por dentro de unos pantalones oscuros. Tiene los dos botones de arriba abiertos, y las mangas remangadas por encima del codo de modo que le da un aire más informal. Me sonríe en cuanto me ve, y se aparta a un lado para que pase.

-Estás guapísima –dice él al mismo tiempo que me quito el abrigo. Le sonrío tímidamente y le doy mi abrigo.

-Gracias, tú también- su sonrisa se hace más amplia y se acerca a mí para darme un suave beso en los labios.

-Ven –dice al tiempo que echa a andar hacia la cocina. El aire huele genial. No sé que estará cocinando pero seguro que está de muerte.

Entramos en la cocina. Es una cocina súper moderna, con los electrodomésticos de acero inoxidable y las encimeras de hormigón brillante. Tiene una isla con la vitrocerámica y una campana que sale de ella. Estoy alucinada con tanta tecnología. Él me ofrece una copa de vino tinto, que acepto encantada. Le doy un sorbo y está buenísimo. Suena la campana del horno y saca una bandeja con carne y algunas verduras. Parece cordero, y huele estupendamente.

-Ya está casi listo- dice mientras saca de la bandeja del horno la carne y la coloca en una fuente. Le añade una salsa que tenía cocinando sobre el fuego y lo rocía por encima. –Espero que te guste el cordero con salsa de cerezas-dice levantando la vista un segundo mientras sigue rociando la carne. Añade las verduras en los costados de la fuente y coge el plato.

-Seguro que sí, tiene muy buena pinta.

-Vamos al comedor- dice mientras sale de la cocina. Le sigo y entramos en el salón. Ha preparado una mesa para dos preciosa. Aunque la mesa es grande, está colocada de tal forma que utilizamos solo un trozo de ésta. Los platos están colocados en el frente y uno de los lados, de modo que estamos uno al lado del otro.

Coloca la fuente con la carne en el medio de ambos platos y me hace un gesto para que tome asiento en una de las sillas. Empieza a servir una ración en mi plato. A continuación, se sirve a él y se sienta. Se echa vino en una copa y la levanta para brindar.

-Por nosotros- dice mientras chocamos las copas.

-Chin chin- respondo antes de darle un sorbo al vino. Él bebe también.

Comenzamos a cenar y cuando meto el primer pedazo de carne en la boca se deshace sobre mi lengua. Está increíble, y el contraste de la carne con la salsa es impresionante. Se me escapa un gemido de satisfacción y él sonríe.

-Me alegro de que te guste. Mi madre me enseñó a cocinar desde bien pequeño. Siempre la observaba cuando hacía la comida y cuando tuve edad suficiente para acercarme a un fuego me enseñó todos sus truquitos.

-Qué afortunado. Mi madre también nos enseñó a cocinar a mi hermana y a mí. A ella se le da genial hacer cualquier cosa, y con tan buena maestra es difícil no ser buena aprendiz. Aunque Sara es una profesional con la repostería. A mí se me da mejor lo salado.

-Yo soy muy malo cocinando postres- dice él cogiendo su copa de vino y dándole un trago. Hace un mohín y se encoge de hombros divertido.

-Yo sé cocinar lo básico… bizcochos y poco más.

-Bueno, algún día pondremos en práctica sus dotes culinarias, señorita Blanco. –dice él con una sonrisa pícara.

-Ja-ja eso habrá que verlo.

Seguimos conversando un rato más acerca de cocina, pero de vez en cuando nos sorprendo mirándonos lascivamente.

-Derek y Sara parecen llevarse muy bien –dice él cambiando de tema de repente.

-Sí, eso parece. Me alegro por mi hermana. Espero que él pueda ayudarla un poco en su carrera, ya que está un poco estancada.

-Seguro que sí. Derek conoce a muchas personas influyentes en el mundo del cine, y tu hermana tiene muchas cualidades que le pueden favorecer en ese mundillo.

Es verdad. Sara es muy completa. Para empezar es muy guapa, además de lista, divertida, locuaz, y, por supuesto, muy buena en lo suyo. Puede parecer un poco frívola a veces, pero no lo es en absoluto. Tiene el corazón más grande del mundo, y siempre está pendiente de los demás. Por eso me duele tanto que no le estén saliendo las cosas como esperaba.

-En cuanto a ti, qué te voy a decir… -dice él, soltando un suspiro exagerado. Se dibuja una sonrisa traviesa en su rostro.- Me tienes totalmente hechizado. –sus ojos centellean un poco al mirarme.

-James, haces que me ponga colorada –digo yo sintiéndome muy vergonzosa. Bebo un trago del vino para pasar un trozo de carne que se me ha quedado atragantado tras la confesión de James.

-Es que es la verdad. Cuando te vi por primera vez, dirás que es una cursilada pero pensé que eras como un ángel caído. Toda de negro, con un halo de tristeza a tu alrededor pero bella como ninguna. Quería acercarme a ti y conocerte, aunque no sabía cómo hacerlo. Estuve toda la noche dudando entre si acercarme a ti o no. No quería parecer un ligón desesperado, Luego, simplemente desapareciste, y pensé que no volvería a verte. Entonces compré tu cuadro, y te juro que nunca he grabado un nombre tan a fuego en mi mente como el tuyo. Seguí investigando y descubrí que trabajabas en la escuela de arte Art&Co, así que he ido comprando cosas tuyas a lo largo de este tiempo.

Sigo sin saber qué responder. Mentiría si dijera que el hecho de que me haya estado investigando no me pone la piel de gallina, pero por otra parte, me siento realmente halagada. Le observo durante unos segundos sin decir nada. Es realmente guapo. Lleva el pelo más corto por detrás y por los lados, mientras que la parte de arriba luce como si acabara de levantarse. La barba de un par de días hace que sienta deseos de alargar la mano para acariciarle la cara. Sus ojos azules, casi transparentes, me observan silenciosos. Probablemente está esperando a que diga algo, pero no sé qué decir. Por una parte, me gustaría llamarle lunático y acosador, pero no puedo hacerlo. El hecho de saber que me ha estado siguiendo, a mí y a mis cuadros, me hace sentir feliz. Quizás mi historia con Javi no salió bien porque no tenía que ser. Este pensamiento hace que recuerde la conversación que hemos mantenido hace apenas unas horas, y frunzo el ceño ligeramente.

-¿Qué ocurre?-me pregunta él preocupado.

-Nada, simplemente he recordado algo que no acabo de comprender.

Me mira expectante. Seguramente espera una explicación a lo que acabo de decir, pero no quiero estropear el momento hablando de mi ex.

-James, te mentiría si te dijera que no me da un poco de miedo esta situación, pero por otra parte me siento realmente halagada. La cuestión es si realmente te sientes atraído por mí, por quien soy, o si quizás ves en mí un proyecto de reconstrucción. En ese caso, preferiría que lo dejáramos aquí, porque realmente hay cosas que no se pueden arreglar.

No sé si pienso realmente lo que acabo de decir. ¿No me puedo arreglar? No creo que el hecho de estar rota sea mi problema. Creo que estoy empezando a reconstruirme poco a poco y que mi problema es que estoy aterrada de que vuelva a hacerme lo mismo.

Suspira y alarga una mano hacia la mía, que reposa sobre la mesa cerrada en un puño. Entrelaza nuestros dedos y los aprieta ligeramente con los suyos.

-Alba, creo que eres la mujer más preciosa que he visto nunca- en todo momento no para de mirarme a los ojos. Mi corazón comienza a latir muy deprisa. Creo que él lo nota, porque sonríe ligeramente. –Pero es cierto que tu misterio me resulta fascinante. No puedo dejar de pensar en ti, en qué es lo que pasa por tu cabeza cada vez que me miras, o cuando estás pintando tus cuadros. Creo que reflejan muy bien el estado de ánimo en el que te encuentras. Me gustaría que pintaras un cuadro para mí. De esa manera puedo saber lo que sientes realmente.

Parpadeo varias veces. Puedo pintar un cuadro para él. Lo que me da miedo es no estar preparada para expresar lo que siento. Aunque pensándolo mejor, el arte es un modo de expresión libre, mucho más personal que las palabras, pero aún así, mucho más fácil para mí. Siempre he tenido cierto recelo en compartir mis sentimientos de manera hablada. Cuando era pequeña y estaba triste, solía encerrarme en el estudio de mi padre, le robaba algunas láminas y me ponía a pintar o dibujar sobre lo que me ocurría. Para mí, el arte era, y es, la manera más sencilla de expresar lo que siento. Cuando estoy feliz, mis cuadros rebosan de color, juegos de luces, paisajes, retratos… pero cuando estoy triste, es como si no tuviera un filtro. Me baso en las cosas cotidianas, pero de la manera más sombría posible. Siempre he tenido cierta obsesión con los ojos de las personas. Cuando tenía trece años, le pedí a Marta, mi profesora de pintura, que me enseñara a dibujarlos de la manera más realista posible. Me pasé meses y meses dibujando solo ojos, hasta que perfeccioné mi técnica y me sentí satisfecha con los resultados. Procuraba reflejar en ellos los sentimientos, las sensaciones que esa persona transmitía. Sin embargo, en mi época difícil, vamos a llamarla así, mis ojos eran planos. No transmitían sentimientos. No había nada en ellos. Simplemente eran ojos.

Pienso que me apetece mucho dibujar a James. Su cara simplemente, a carboncillo. Un contraste de blanco y negro pero que refleje todo lo que veo en él. Quiero que sus ojos brillen sobre el papel como siento que brillan cada vez que me mira.

-Estaré encantada de hacer un cuadro para ti- digo al tiempo que le sonrío. Su sonrisa se hace más amplia, mostrando la hilera superior de dientes blancos. Le aparece un hoyuelo en la mejilla cada vez que sonríe de esa manera, y en sus ojos brillan unas chispas. Nunca he visto una sonrisa más bonita, y siento como el corazón se me hincha. Nos sostenemos la mirada durante unos instantes más, hasta que la suya desaparece. Ahora en sus ojos veo deseo, y yo sé que él puede ver lo mismo en los míos. Mi sonrisa desaparece al mismo tiempo que se escapa un ligero suspiro de mis labios. Él lo interpreta de la manera correcta, ya que se inclina sobre la mesa para besarme. Al principio es un beso suave, acariciando levemente sus labios contra los míos. Siento su cálido aliento colarse entre el resquicio de mis labios, lo cual me hace suspirar más fuerte. Se le escapa un gemido al tiempo que alarga su mano derecha para cogerme por la nuca. Entrelaza sus dedos entre mi pelo y presiona mi cara más cerca de la suya. Sus labios se saborean, mientras que su lengua entra en contacto con la mía dentro de mi boca. No sé cómo, pero nos ponemos de pie sin siquiera soltarnos. Ahora su mano libre está agarrando la parte baja de mi espalda, con las yemas de los dedos prácticamente rozando mi culo. Me aprieta más contra él, y puedo sentir su erección contra mi vientre. Eso me hace gemir contra su boca, y él gime de vuelta. Mis manos, que estaban en sus bíceps, intentan agarrarse a su cuello pero, al ser tan alto, no consigo encontrar una postura cómoda, por lo que los deslizo a lo largo de su espalda hasta quedar a la altura de sus riñones. Le aprieto contra mí, nuestras lenguas aún siguen enroscadas. No puedo dejar las manos quietas y, por lo que siento, él tampoco. Ambos estamos tocándonos por todas partes, suspirando en la boca del otro, gimiendo. De repente, me levanta en el aire, sosteniéndome el culo con ambas. Mis piernas se enroscan automáticamente alrededor de su cintura. Seguimos de este modo durante varios minutos, quizás horas, hasta que se separa lentamente jadeando.

-No tenemos por qué hacer esto –dice mirándome a los ojos- Te juro que estaba totalmente fuera de mis planes esta noche- frunzo el ceño ligeramente.

-¿No me deseas? –pregunto en un hilo de voz.

-Por dios, Alba –restriega ligeramente su erección contra mi – ¿De verdad me estás haciendo esa pregunta? –parece un poco molesto.-Simplemente no quiero que pienses que sólo se trata de sexo para mí.

Suspiro aliviada.

-Quiero hacerlo también –le digo mirándole a los ojos –Aunque quizás esté un poco torpe… hace tiempo que no practico.

Se dibuja una sonrisa amplia en sus labios, de las que hacen que le salga el hoyuelo en la mejilla.

-Me alegro de que hayas decidido retomar la práctica conmigo, entonces –ahora su sonrisa es más divertida.

Me río brevemente, hasta que me doy cuenta que él ha vuelto a dejar de sonreír y está mirando mi boca sin perder detalle. Es entonces cuando yo paro la risa, y volvemos a besarnos apasionadamente. 


9 comentarios:

  1. ���������� Qué tensión!

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    1. Jajaja quieres más??? Se pone calentita la cosa ehh jajaja

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  2. Claroooo!! No puedes ser tan mala de dejarnos asi!!! Jajaja

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    Respuestas
    1. jajaja me temo que solo lo estas leyendo tú!
      Mañana subo más si quieres, vale?
      (es que me da un poco de vergu! xD)

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    2. Jajajaja valeee tranquila!! Tu mandas!:) y seguro que hay alguien más!
      Un besitooo!!

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  3. ¡¿Cómo lo dejas ahí?! Jaja, ya sigo tu blog!!

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